En los años cincuenta era común que cuando un niño iba mal en la escuela, sus profesores le advirtieran que si no mejoraba su rendimiento, no tendría más remedio que ir a FP: futuro perdido, una broma de mal gusto cuyo trasfondo subsiste.

En los años cincuenta era común que cuando un niño iba mal en la escuela, sus profesores le advirtieran que si no mejoraba su rendimiento, no tendría más remedio que ir a FP: futuro perdido, una broma de mal gusto cuyo trasfondo subsiste.